
Tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial el planeta se reajustaba y con ello, las actividades comunes volvían a sus escenarios naturales para darle un nuevo dinamismo al mundo. El futbol no sería la excepción.
La última vez que el balón había rodado junto a una Copa del Mundo ocurrió en Francia en 1938. Italia fue el campeón mundial. Después de ese evento la competición tuvo un receso por varios años. El conflicto bélico pausó casi todo y la incertidumbre era la única certeza del momento.
Doce años después, en 1950, la magia del futbol renació. Esta ocasión Brasil sería la sede de la edición número cuatro del Mundial de futbol. La inauguración corrió a cargo de la selección brasileña contra el representativo de México en el estadio Maracaná, donde la selección local venció por dos goles a cero al conjunto azteca, quien por cierto perdió sus tres partidos en ese evento.

Aquel 24 de junio, para la mayoría de brasileños iniciaba el sueño de ser campeones del mundo. Siendo el futbol casi una religión en ese país, la idea de ganar la copa era para ellos una obsesión.
Sin embargo, el destino tenía otros planes y el domingo 16 de julio a partir de las tres de la tarde la tragedia deportiva se instauró en el Estadio Maracaná.
El equipo local se enfrentaba a su similar Uruguay en un duelo definitivo para consagrarse campeón del mundo. Bastaba un empate para que el conjunto dirigido por Flávio Rodrigues Costa se proclamará la mejor selección del planeta.

El país entero estaba al pendiente de este último encuentro. La euforia y optimismo no vislumbraba un desenlace fatal. Casi al inicio del segundo tiempo, los 200 mil aficionados que estaban presentes en el estadio y millones de brasileños que seguían por radio el partido, celebraron jubilosos la primera anotación de su equipo por parte de Friaca. La alegría era indescriptible.
El resto del segundo periodo, la alegría fue convirtiéndose en tristeza y decepción. Juan Alberto Schiaffino igualó a mediados del segundo tiempo, y Alcides Ghiggia completó la remontada a 11 minutos del final. El equipo brasileño jamás se recuperó del golpe fatal y vio con dolor como el árbitro inglés George Reader señalaba el final de juego ante la incredulidad y sorpresa de todos.
La derrota fue un duro golpe para Brasil, considerado un desastre nacional, mientras que para Uruguay representó una de las mayores hazañas en la historia del fútbol.

A partir de ahí, el término “Maracanazo” se popularizó para describir esta inesperada victoria uruguaya y se convirtió en sinónimo de proeza deportiva y remontada épica.
La derrota en el Maracaná dejó una profunda cicatriz en la memoria colectiva brasileña, marcando un antes y un después en la historia de su selección en esta edición número cuatro de la Copa del Mundo de Futbol.


El cargo Cuarto Mundial de Futbol en la Historia: Brasil 1950 / Por José Hermilo Amezcua apareció primero en Reporte 32 MX, El medio digital de México.
