
Mientras Brasil y Uruguay demostraban al mundo futbolístico que el mejor balompié se desarrollaba en América, Europa reaccionaba con furia y haría todo lo posible para que ese dominio terminara.
Es 1966 y el continente europeo vive su milagro económico. Es un espacio de transformación. La cultura se sustenta con obras inolvidables e históricas. Una gran cantidad de cambios políticos y tecnológicos lo colocan a la vanguardia del mundo. En el deporte no sería la excepción.

La octava edición de la Copa del Mundo llegaba a Inglaterra y a sus ocho estadios. Cuatro grupos de cuatro equipos cada uno formaban la lista que competirían durante 20 días por la cima del futbol mundial.
Brasil y Uruguay llegaban con la etiqueta de campeones mundiales por partida doble. Esta vez desde canchas europeas tratarían de defender el orgullo americano, sin embargo, el futbol europeo no dio margen a que eso sucediera. Muy pronto, ambas selecciones fueron eliminadas del torneo.
El 11 de julio de 1966, el majestuoso estadio de Wembley era testigo de lujo de la inauguración de la edición número ocho de la Copa del Mundo con el juego entre Uruguay e Inglaterra que terminaría empatado cero a cero.

A medida que el torneo transcurría, el equipo local cada vez era más fuerte. Sus grandes figuras encabezadas por Bobby Charlton ejecutaban el mejor futbol sobre las hermosas canchas de Inglaterra.
Con ese dominio sobre los demás equipos, los ingleses llegaron fuertes a la gran final del certamen donde se encontrarían con la formidable selección de Alemania Occidental.

El sábado 30 de julio de 1966, en Londres, ante 97 mil aficionados que atiborraron el estadio de Wembley, se llevó a cabo una de las finales más polémicas en la historia de las Copas de Mundo. Un gol fantasma empañó la coronación del equipo inglés.
Tras noventa minutos de dominio alterno, ingleses y alemanes llegaron empatados a dos goles por lo que el juego se prolongó a tiempos extra.
Al minuto diez del primer tiempo añadido, el goleador ingles Geoff Hurst remató un centro que tocó el travesaño de la escuadra alemana y picó justo en la línea de meta.
El árbitro dudó en marcar gol, sin embargo, de inmediato consultó con su abanderado, quien afirmó que el balón había rebasado la línea por lo que dio por bueno el gol.
Minutos después el mismo delantero ponía el cuarto gol en el arco alemán para sellar el triunfo que le otorgaba al conjunto inglés su primer campeonato del mundo.
Con este resultado, Europa recuperaba a Europa y el futbol de ese continente empezaba a construir un brillo futbolístico que actualmente lo coloca en la cúspide del planeta.

Han pasado casi 60 años y ese gol aún causa controversia. De aquel entonces a la fecha, la FIFA ha implementado múltiples mecanismos con los balones para evitar que vuela a suceder un evento como el de aquel sábado 30 de julio de 1966.





