
México fue el anfitrión de la novena edición de la Copa del Mundo. Con la reciente experiencia vivida dos años antes con los Juegos Olímpicos, el país enfrentaba un nuevo reto deportivo, pero ahora teniendo al futbol como protagonista principal.
En el mundo, la guerra de Vietnam alcanzaba su grado máximo y los conflictos en Oriente Medio eran más intensos. El bloque socialista y el capitalista extendían sus desacuerdos mientras que, en Chile, Salvador Allende era elegido como el primer presidente socialista en América Latina.

Del 31 de mayo al 21 de junio, el país se vistió de fiesta. Las ciudades de México, Toluca, León, Guadalajara y Puebla fueron las anfitrionas principales del máximo evento futbolístico del planeta. Juanito 70 fue la mascota, y también por primera vez en la historia la transmisión de televisión fue en color total.
Con un formato tradicional de 16 selecciones participantes, el juego inaugural fue protagonizado por la selección local contra la Unión Soviética donde el resultado terminó empatado a cero goles.

Este evento, reconocido por los expertos como uno de los mundiales más espectaculares de la historia, debido a la calidad del juego y al espíritu deportivo que imperó a lo largo de esos veintidós días de competencia.
Prueba de ello fue el llamado juego del siglo entre Italia y Alemania que terminó favoreciendo a la escuadra azzurri colocándola en la gran final contra Brasil.

El domingo 21 de junio de 1970, bajo un sol asfixiante que rondaba en la cancha del Estadio Azteca, la selección brasileña comandada por la mejor versión de Edson Arantes do Nacimento Pele, realizó un juego perfecto, excelso y espectacular para coronarse campeón del mundo por tercera vez en su historia, dejando con el segundo puesto a los italianos en esta inolvidable e histórica Copa del Mundo celebrada en México, donde Brasil se llevó el trofeo Jules Rimet para siempre.





