
La edición número diez de la Copa del Mundo viajaba en esta ocasión al continente europeo. La gran Alemania Occidental fue la anfitriona elegida para dar albergue a las dieciséis selecciones que buscaban la gloria deportiva, tratando de arrebatarle el título de campeón del Mundo a la selección brasileña que había conquistado cuatro años antes en México.
En 1974, la población mundial había llegado a los 4 millones de habitantes, pero la atención comenzaba a gestarse en un escándalo político en los Estados Unidos, con el presidente Richard Nixon, que más tarde se convertiría en el famoso caso Watergate.

El juego inaugural del mundial corrió a cargo de las selecciones de Brasil y Yugoslavia, el 13 de junio en el estadio Waldstadion, ubicado en Francfort, con un empate a cero goles.
La competencia fue como siempre, dura, peleada y dominada ampliamente por los equipos europeos. Las condiciones climáticas favorecieron a los equipos de esa región superando en todo momento a las selecciones de América y África.

Y como lo fue en el continente americano, ahora el protagonismo pertenecía a los conjuntos europeos. De ahí emergieron jugadores excepcionales que eclipsaron a las figuras de América con una facilidad extraordinario. El caso más emblemático fue el del holandés Johan Cruyff y la aparición mundial del invencible portero Sepp Maier .
El primero enarbolando la bandera del famoso futbol total de la naranja mecánica y el segundo reafirmando su liderazgo en un grupo tan poderoso como lo eran los alemanes.
Y así, con dos de sus jugadores más preciados al frente, el equipo local y la flamante naranja mecánica protagonizaron una de las finales más dramáticas en la historia de los mundiales.
Con un dominio absoluto, los holandeses parecían conseguir su primer título mundial desplegando el maravilloso futbol total del momento, sin embargo, el espíritu alemán se sobrepuso al desconcierto y con un gol de Gerd Müller lograron inclinar la balanza a su favor para darle al conjunto alemán su segundo campeonato del mundo en la historia.

Aquella tarde del 7 de julio de 1974 en el estadio Olímpico de Múnich, ante cerca de 75 mil 200 espectadores, el mundo futbolístico vio como el basto poderío alemán triunfó en su casa con fuerza, voluntad y talento.




