
La visita de Bibi Netanyahu a Washington no es ni por asomo un hecho casual en la historia contemporánea. De hecho, es posible que haya llegado con su mejor y más dañina información sobre el caso Epstein y un sinfín de informes sobre la manera en que va a afectar a Trump, a su familia y a sus patrocinadores directos y a aquellos que confían en los republicanos en formas más específicas. Porque todos sabemos que detrás de la inmensa fortuna de Epstein, existían conexiones de altísimo nivel con mandos del gobierno israelita, mediante los servicios secretos y otras organizaciones cuyo encargo era mantener sano, profundo y vibrante el vínculo del multimillonario con sus propios intereses.
Algunas voces sostienen que Rubio y Netanyahu se reunieron en Blaire House hace cosas de 5 días solo para evitar que la prensa se enterara que, en esta ocasión, Bibi no se hospedó ahí debido a la gran cantidad de personas que se manifestaron frente a la residencia, pero, sobre todo, a la naturaleza hostil de su visita, que no es otra que conseguir que EEUU ataque a Irán o conseguir apoyo incondicional para cuando ellos decidan hacerlo a discreción y tal vez, con armas nucleares. Porque a pesar de todas las probabilidades, Trum insiste en una retórica guerrerista, pero sigue negociando; por supuesto, lo que declara que Irán necesita hacer para evitar un ataque militar es tan irreal como inaceptable.

Lo peligroso es que estamos en una época descrita brillantemente por Barbara Tuchman en su ensayo histórico La marcha de la locura, donde abunda en ejemplos y análisis sobre el perfil de los líderes que priorizan sus decisiones en base a deseos mesiánicos, terquedad o incapacidad para aprender de la Historia, desechando mejores soluciones en beneficio de sus propios intereses.
Tal vez, el mejor ejemplo de la actualidad se sitúa en la Unión Europea. Las decisiones tomadas, al menos desde el 2022, tienen la cualidad y la calidad para fungir como una explicación certera del desorden mundial y las redes oscuras que lo propician.

Sin embargo, no sólo el factor humano es lo que nos tiene al borde de una guerra con posibilidades reales de escalar a un conflicto de mayor envergadura, actualmente el Acuerdo sobre Armas Nucleares (TNP), el único tratado vinculante de las naciones con tecnología nuclear, expiró el 5 de febrero del 2026.
Mientras Scott Bessent admite públicamente su implicación en la crisis económica que desató protestas en Irán, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán viaja precipitadamente a Oman para advertir a la contraparte norteamericana de las consecuencias de que Trump ceda ante la presión del ente sionista. La pregunta seria es: ¿Por qué estamos bajo esta amenaza cuando, desde el arribo del régimen del Ayatolá en 1979, Irán no representa un verdadero peligro para EEUU?

No hay respuesta, pero tal vez, Israel se siente suficientemente vulnerable por primera vez y esté frente a una amenaza existencial frente a Irán y sus poderosos aliados.
Los chinos y los rusos, por ahora, están realizando algunos “ejercicios navales” en el Golfo arábigo y yo no dejo de preguntarme si acaso lo hacen justo antes o precisamente después de la “gran amenaza” que, por primera vez en muchos, mucho años, puede escalar rápidamente a una guerra de carácter mundial.




