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Decimoséptima edición del Mundial de Fútbol: Corea-Japón 2002 / Por José Hermilo Amezcua

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El segundo año del siglo veintiuno llegaba con un contexto histórico singular debido a las enormes repercusiones que provocaron los atentados a las Torres Gemelas en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001.

Uno de los primeros eventos deportivos a desarrollarse después de ese acto terrorista era el Mundial de fútbol en Corea-Japón, y los protocolos antiterroristas masivos implementados a lo largo del planeta fueron la respuesta inmediata de los gobiernos mundiales ante este terrible flagelo.

Ante ese escenario, la FIFA, en busca de globalizar aún más al fútbol, llevó el torneo fuera de sus sedes tradicionales para aterrizarlo, por primera vez en su historia, en el continente asiático, teniendo como protagonistas a Japón y Corea del Sur como anfitriones.

Con una tecnología superior al resto del mundo, la magna justa sorprendió a propios y a extraños con la belleza de los veinte estadios que dieron albergue a los sesenta y cuatro juegos mundialistas.

Con los reflectores del mundo dirigidos hacia el continente asiático, el viernes 31 de mayo de 2002, el Estadio Sangam, ubicado en la capital, Seúl, vivió el banderazo inicial de la gran inauguración con un despliegue tecnológico impresionante, para dar paso después a una de las sorpresas más importantes de la historia: la victoria de la modesta selección de Senegal sobre Francia, el defensor del título mundial de ese entonces, encabezado por Zinedine Zidane.

Durante la competencia, un solo equipo brillaba entero. Era un Brasil mágico y majestuoso. Era una oncena poderosa y brillante con las magistrales actuaciones del fenómeno Ronaldo Nazario y la cátedra técnica de Luiz Felipe Scolari.

Nadie le hizo sombra. Ni Francia, ni Argentina, ni Italia ni Portugal. Solo Alemania le compitió muy de cerca, llegando a disputarle el primer lugar en el Estadio Internacional de Yokohama el domingo 30 de junio.

El duelo final enfrentaba a dos viejos conocidos; ambos campeones del mundo en diferentes etapas. Ahora el conjunto teutón aspiraba a conquistar su cuarto título y empatar al equipo brasileño, pero los amazónicos no lo permitirían.

Con un torneo excepcional, el famoso Scratch du Oro llegaba como favorito tras obtener seis triunfos de manera consecutiva a lo largo de la competencia. Y con un doblete del renovado Ronaldo, consiguió su séptimo triunfo sobre una aguerrida selección alemana que solo observó cómo el delantero brasileño daba una brillante exhibición futbolística.

Esta victoria catapultó a Brasil como el único equipo que ha conquistado cinco campeonatos del mundo en la historia del fútbol.

Con respecto a México, queda para la historia su undécimo lugar, el hermoso gol de Jared Borgetti a Italia y la dolorosa eliminación contra Estados Unidos en octavos de final.

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