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Reconoce CDMX a diez árboles como Patrimonio Natural por su valor ambiental, histórico y cultural

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Por su valor ambiental, histórico, cultural y simbólico, el Gobierno de la Ciudad de México publicó este 28 de septiembre, en la Gaceta Oficial, nueve decretos mediante los cuales se declaran a diez ejemplares arbóreos como Patrimonio Natural de la capital.

La Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México (SEDEMA), a través de la Dirección General del Sistema de Áreas Naturales Protegidas y Áreas de Valor Ambiental (DGSANPAVA), estará a cargo de la protección y conservación de dichos ejemplares mediante planes de manejo con criterios técnicos y ambientales.

Los árboles se localizan en las alcaldías Benito Juárez, Coyoacán, La Magdalena Contreras, Azcapotzalco, Xochimilco y Tlalpan. Se trata de siete ahuehuetes, un cedro blanco, un olivo y un encino, reconocidos por sus dimensiones, antigüedad estimada, importancia ecológica y relación con la historia de sus comunidades.

Entre ellos se encuentran “Ahuehuetlan”, en el Parque de las Américas; “Atlahuitl”, en Coyoacán; el “Cedro de Padierna”, en La Magdalena Contreras; y “Los Gemelos de San Álvaro”, en Azcapotzalco. También forman parte de este reconocimiento “Molotla”, “Teuhtli”, “San Cristóbal Xallan” y “Tlalnahuac”, en Xochimilco, así como “Diamante Tepeximilpa”, un encino cuya antigüedad se estima en aproximadamente 400 años, en Tlalpan.

Más allá de sus características físicas, algunos de estos ejemplares están ligados a antiguos asentamientos, tradiciones agrícolas y referentes territoriales que han dado identidad a barrios y pueblos originarios. Su permanencia permite mantener vivo el vínculo entre las comunidades y el entorno natural que las ha acompañado a lo largo del tiempo.

La declaratoria representa también un compromiso para su conservación. Los ejemplares quedan sujetos a un régimen especial de protección que establece restricciones a las intervenciones que puedan afectar su tronco, raíces, copa o ramas, así como a obras, excavaciones o instalaciones que comprometan su integridad. Cualquier actividad deberá ajustarse a los decretos, los planes de manejo y la normatividad ambiental aplicable.

La importancia de preservar estos árboles también radica en los servicios ambientales que proporcionan. Contribuyen a mejorar la calidad del aire, capturan dióxido de carbono y partículas suspendidas, regulan la temperatura, favorecen la infiltración del agua de lluvia y ofrecen alimento y refugio a distintas especies de fauna.

Con estas declaratorias, la Ciudad de México reconoce que su patrimonio natural no se encuentra únicamente en sus grandes espacios verdes, sino también en los árboles que forman parte de sus calles, parques y comunidades. Cuidarlos significa preservar la biodiversidad, la memoria de sus territorios y un legado ambiental para las próximas generaciones.

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